Ayer vimos en el Bar el entreno del Barça. Hay clientes que no se creen eso de ver a Ronnie de suplente. Piensan que Rijkaard juega al despiste. Es posible. Un entrenador que se ha caracterizado siempre por esconder su once hasta última hora -ahora recuerdo a Van Bommel en Paris-, no es normal que dé tantas pistas tres días antes de un partido tan importante. Aquí hay gato encerrado. Además, como dice Edu,
¿qué mejor día que un Barça - Madrid para recuperar a Ronaldinho?.
Pero si Edu ha visto la botella medio llena, yo la he visto medio vacía. O al revés. He pensado mal y me he preguntado:
¿qué mejor día para acabar de rematarlo?. Y es que si hasta ahora ha habido un cierto temor de ver a Ronaldinho en el banquillo del Camp Nou, el domingo este miedo puede desaparecer. Es el momento ideal. Con los tres días de fiesta y los quince de anestesia navideña que siguen al partido, el fastidioso entorno se puede esquivar. No existe. La próxima vez que hable ya no podrá preguntar "
¿por qué ha sido suplente?" sino tan sólo decir "
fue suplente y no pasó nada". La maquinaria da un paso más.
Y no sólo eso. Rijkaard se pueda escudar en lo deportivo. Puede alegar que Iniesta es el mejor antídoto para frenar a Sergio Ramos. No sólo le puede atacar como lo haría Ronaldinho sino que también le puede defender. ¿Qué más puede pedir? Bueno, sí, algo. Que ese run run culé que pide al brasileño como recambio de Messi se frene y que la gente vuelva a la política de "
hombres y no nombres". Pero será difícil. Ronnie es como un hijo para los culés: le ha visto crecer en casa, le ha visto torcerse en el camino, le ha castigado y se ha malhumorado. Pero cuando ha visto que éste amenazaba con irse de casa y no volver más, se ha comenzado a ablandar. Si no quiere dormir en casa, por los menos que venga los domingos a comer.
Etiquetas: Rijkaard, Ronaldinho