En el tema de la destitución de Ivanovic hay dos tipos de evolución que me han llamado la atención. La primera, la del mundo del deporte en sí. Antes te echaban por los malos resultados. Ahora, por la manera de hablar en público. Y la segunda, la evolución del propio Barça. Hace un año Eto'o saltaba en Vilafranca y no pasaba nada (al contrario, se aplaudía a todos sus protagonistas). Y ahora Ivanovic está en la calle. Claro que no sé si al hablar del Barça del basket y del Barça de futbol estamos hablando del mismo Barça.
He de decir que a mí las palabras de Ivanovic me parecieron una animalada. Una burrada. Si con ese equipo no se puede hacer nada, a Vidorreta, a Valdeolmillos y a Manolo Hussein les debieran hacer un monumento por el milagro que hacen con sus plantillas. Pero es que creo que Ivanovic también era consciente de la animalada que estaba diciendo y que sólo una buscaba reacción.
Y es que Dusko, como buen Gene Hackman que es (un entrenador duro y agrio dentro y fuera de la pista pero con algo de corazoncito para con sus jugadores), seguro que lo que buscaba era provocar alguna reacción: o en los jugadores (no podía permitir un bajón ahora que comenzaba la fase de la Euroliga) o en el club. Yo me posiciono en lo primero, pero en el Barça (y en la mayoría de bares que hay en el mundo) pensaron lo segundo. Así que la reacción ha llegado y entre un secretario técnico novel o un entrenador que ha forjado a todo un quinteto NBA desde la ACB (Calderón, Navarro, Nocioni, Oberto, Scola) han optado por lo segundo. Y la verdad es que se han quedado cortos. Era para echarlos a todos (incluídos ellos mismos).
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