Sobre la Copa América
La Copa América es a los futboleros lo que un ciclo de cine tailandés en versión original en la Filmoteca es a los cinéfilos. Un placer. Me he quedado a ver la primera parte del Uruguay - Perú y estoy encantado. Disfruto con estos partidos nocturnos. Cuando más nocturnos y menos atractivos mejor. Un Venezuela-Bolivia, a las 3 de la madrugada de un miércoles, es algo indescriptible. Sólo los que lo han vivido pueden decir que se siente.
Lo único malo -si es que hay algo malo- de la Copa América es que puedes correr el riego de emocionarte (no en el sentido clásico de emocionarse sino en el más juvenil de "Eh, pavo, no te emociones") y hablar de ello con tus amigos. Es lo que que sucedió a José Luis Garci hace un par (o dos pares) de años con el uruguayo Sosa. Le gustó tanto que se lo recomendó a algún amigo del Atlético del Madrid. Y desde entonces no se volvió a saber nada ni de Garci, ni de Sosa, ni del Atlético de Madrid.
Me voy a dormir con el 0-1 a favor de Perú (y un segundo gol anulado aún no sé por qué). Uruguay está lejos de ser el campeón que yo había pronosticado. Y la culpa no es de Estoyanoff. La culpa la tiene su entrenador, Tabárez, que también pasó por el Oviedo en su momento.
¡Ah! Si yo fuera Garci ficharía al central Villalta, al almeriense Acasiete y al entrenador peruano Julio César Uribe.
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